arquitectura, desaforos

En busca de la casa de nuestros sueños

20/01/2021

Hoy vuelvo al blog con el siguiente post de la serie “cambio de casa”. En éste te contaré cómo fue nuestro proceso de comprar una casa nueva.

El cambio de casa fue una decisión que tomamos de manera natural. Nuestra familia fue creciendo y como vivíamos en una casa con dos habitaciones, poco a poco fuimos sintiendo que nos hacía falta más espacio: un espacio para que cada uno pudiera estudiar cuando fueran un poco más mayores y otro para mí, para que pudiera hacerlo en casa sin tener que estar ocupando la mesa del salón. Y eso que no sabíamos lo que se nos venía encima con el confinamiento.

Una vez puesta en venta nuestra en casa, tocaba buscar una nueva. Es un proceso que hay que hacer en paralelo.

Para elegir la que sería nueva casa marcamos unas condiciones mínimas que necesitábamos que cumpliera:

  • 3 dormitorios como mínimo
  • Dormitorios de tamaño medio para que ellos tuvieran espacio para dormir y trabajar.
  • Terraza-tendedero en la cocina.
  • Urbanización
  • Ventilación cruzada
  • Precio máximo al que podíamos llegar

Además añadimos algunas preferencias:

  • Balcón o Terraza
  • Sol de mañana
  • Que estuviera cerca del colegio para poder ir andando cuando fuera necesario
  • Transporte público cercano
  • Facilidad de aparcamiento
  • Piscina
  • Cocina anexa al salón para poder hacer una cocina americana

Una vez establecidas las condiciones, empezó la búsqueda…. Podría deciros que visitamos muchas casas, pero no fue así, hicimos 6 visitas. Eso sí, fueron muchas las horas invertidas en buscar en portales de venta de vivienda tipo idealista y descartando opciones.

Vimos pisos que cumplían casi todas las condiciones y algunas de las secundarias, pero siempre tenían algún “pero”. En la mayoría el tamaño era el adecuado, necesitaba alguna reforma para adaptarla a nuestra estética y sumada al precio final se nos iba de presupuesto. Algunos lo cumplían casi todo, pero ninguno terminaba de robarnos el corazón. Faltaba el “ESTA ES”.

La verdad es que vimos de todo: grandes, pequeños, con inmobiliaria, sin ella, reformados, sin reformar… ¡hasta visitamos el piso de arriba de unos amigos!

Hasta que de repente vi la oferta de un piso que como arquitecta se me hacía raro. Era un dúplex de cuatro dormitorios pero por las fotos y videos no terminaba de entender su distribución. Y no me cuadraban los metros cuadrados que tenía y el precio de venta. Así que no pude resistir… contacté y fui a verlo.

Cuando llegué la de la inmobiliaria me avisó que había un gato suelto dentro y que el piso necesitaba una reforma, cosa que ya había deducido por las fotos. Así que allí entré, con mi mente arquitectónica y la mente abierta, pensando que lo que me interesaba en realidad era el “contenedor” y no el contenido.

El piso era espectacular, pero su estado era lamentable. El propietario lo había dejado abandonado, a pesar de que vivía en él, podríamos apostar que llevaba sin limpiarlo más de un año. Los pies se te pegaban al suelo de la cocina y había un gato que campaba a sus anchas por la casa haciendo de las suyas por todas partes.

Pero…. ¡Tenía tantas posibilidades! Con una buena reforma podía conseguir lo que tanto buscaba: un espacio diáfano con cocina americana, un salón amplio y todas las habitaciones que necesitábamos ¡y mucho más!  En este piso tendría un despacho para trabajar y los niños una sala de juegos ¡era nuestra casa soñada!

Una vez convencida, tocaba calcular el coste que implicaba la reforma, sumado al coste del piso, los gastos de inmobiliaria y los impuestos etc… ¡son muchas cosas a sumar!

Ya solo nos quedaba ver si nos concedían la hipoteca.  Os diré que tuvimos suerte, por la ubicación y metros, nos tasaron el piso y esa fue la clave para la compra.

Buscamos un banco que nos diera el 100% del precio de la vivienda siempre que éste estuviera por debajo del 80% del precio de tasación. Después de dar muchas vueltas y preguntar en muchos sitios,  fue ING quien nos dio esas condiciones.  La cuestión es ver qué condiciones tiene cada banco en el momento de la solicitud de hipoteca ¡Tendrás que invertir mucho tiempo en esta parte también!

Así que ya teníamos lo importante: la casa elegida y la hipoteca pre-concedida. Era el momento de cerrar el trato.

En este punto lo que toca es negociar: tú harás una oferta, el comprador la aceptará o no… y así puedes estar varios días. En nuestro caso esa parte no fue muy difícil.

El siguiente paso era firmar el contrato de arras. Y ahí cometimos nuestro gran error. En la inmobiliaria nos aseguraron de palabra que el piso estaría vacío en el momento de la entrega de llaves, pero no apareció escrito por ninguna parte, ya que nos dijeron que era el contrato estándar, pero que no nos preocupáramos. Ilusos de nosotros, no pudimos pensar que se nos avecinaba un desastre enorme…

Así que desde ya te digo, es muy importante que cuando firmes el CONTRATO DE ARRAS ponga todas las condiciones que necesites, como el que esté libre de enseres y de cargas.

Y hablando de cargas… llegó el momento de la firma de la compra venta y surgió el segundo problema. El piso tiene que estar al corriente del pago del IBI por parte del vendedor y el nuestro llevaba años arrastrando esa deuda, así que no podíamos firmar nada sin que eso estuviera solucionado.

No entraré en detalles, pero lo resumiré en que en ese momento la de la inmobiliaria nos la intentó jugar, menos mal que la gestoría de nuestro banco se plantó con ellos y buscó soluciones alternativas. Un 10 por ellos.

A pesar de los inconvenientes, por fin teníamos nuestra casa nueva, así que ¡Llegó el momento de ir! Pero oh… cuando entramos allí ¡La casa estaba llena de cosas!

Se había dejado casi todos los muebles, la nevera llena (con comida caducada), todos sus enseres personales, su ropa, la ropa de cama, cosas de sus hijos como ropa y libros…

Cuando llamamos a la de la inmobiliaria se desentendió del tema y como no se había especificado en el contrato… no pudimos reclamar… ¡Desastre total!

Ante grandes problemas, grandes soluciones, así que liamos a la familia y amigos y empezamos a vaciar la casa. Pusimos varios anuncios en Wallapop y en Facebook, lo regalamos y donamos todo.

comprar una casa

Fue una paliza pero al menos hicimos una buena obra. La cocina se la llevaron unos chicos que solo tenían un hornillo en su casa, así que les ayudamos a tener una vida mejor. A la parroquia llevamos muchísimos libros que había en la casa y papeles para que los vendieran al peso y compraran leche para Cáritas. El resto de muebles fue viniendo gente a por ellos. Y la ropa la donamos también, de adultos y de niños ¡Así ayudamos a mucha gente!

Y por fin, después de la paliza, el piso estaba vacío y podíamos empezar la reforma ¡Pero eso ya te lo contaré en otro post!

You Might Also Like

No hay comentarios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: